Yo tenía cumpleaños en el patio de casa, bajo la parra de uva chinche con guirnaldas, globos y cotillón de Don Gato y su pandilla. Había cosas ricas para comer y coca cola en botellas pequeñas de vidrio. Un fotógrafo nos dejaba ciegos con el flash pero no decíamos whisky, ya estábamos sonrientes porque sí.Tenía el pelo cortito por el verano y los vestidos cortitos también. Criollitas, cadena con medallita y una esclava de oro. Unos ojos muy grandes, orejas pequeñas y despegadas.
Venían mis amigos del barrio. Jugábamos y cuando se hacía la noche, los tíos tomaban porrón y sánguches de miga.
El patio tenía un fuentón gigante de esos que había en los patios y siempre estaba colgado mirando la pared. Había calas regadas con el agua jabonosa del lavarropas a tambor. Las calas eran de los muertos, decían, pero para mí eran flores hermosas que olían horrible.
En el medio había un cantero con jazmines, muchas begonias de hojas oscuras y hasta llegamos a tener camalotes cuando se rompió el lavarropas y quedó el tambor intacto. Cualquier cosa era maceta: las latas de aceite cocinero, las ollas que se saltaban o los tachos de pintura.
Un día mi papá me levantó así y me sacaron esa foto. Amo esa foto. Mi papá era re lindo, tenía ojos color aceituna, fumaba Colorados, hasta que un día dejó de fumar y su paquete de cigarrillos quedó a la mitad en una repisita de madera celeste. No los tocó nunca más.
A la foto, la estuve buscando mucho tiempo. Un día, como a quién le aparece una idea genial, se me vino a la cabeza dónde podía estar y fui y la encontré. Me mira con ojos de amor y yo trato de tocar una guirnalda, me estiro y el flash me deja ciega.
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